Australia, Nueva Zelanda y Pacífico Sur

Una belleza cautivadora

Desde el icónico puerto de Sídney hasta los fiordos neozelandeses y la calma de las aguas cristalinas de la Polinesia, la región combina aventura y relajación. Podrá contemplar Uluru al atardecer, sobrevolar la Gran Barrera de Coral o navegar por las aguas cristalinas de las islas Whitsunday como parte de las experiencias opcionales disponibles.

En Fiyi y la Polinesia Francesa, los cálidos mares turquesa y los bungalows sobre el agua crean un entorno propicio a la desconexión, y los moáis de la Isla de Pascua cautivan con su halo de misterio. Las costas soleadas y los horizontes infinitos definen un rincón del mundo donde todo es magia. 

La vida en Australia, Nueva Zelanda y el Pacífico Sur

Cultura

Cultura

La región de Australia, Nueva Zelanda y el Pacífico Sur es un verdadero mosaico de culturas antiguas y modernas. Los navegantes polinesios dominaron las estrellas y las mareas para poblar islas remotas mucho antes de la llegada de los europeos. Allí dejaron un legado de templos marae, ceremonias sagradas de kava y ricas tradiciones orales que aún laten con fuerza en las aldeas de Vanuatu y en la danza tahitiana. En Australia, las historias del Tiempo del Sueño aborigen se entrelazan con la herencia anglocelta, mientras que en Nueva Zelanda los marae y la haka del pueblo maorí mantienen vivo el espíritu indígena. 

Gastronomía

Gastronomía

Los sabores irrumpen con la misma intensidad que los paisajes, todos ellos iluminados por el sol y mecidos por las brisas del Pacífico. En la Polinesia, el mar ofrece atún fresco y la leche de coco transmite una sencillez profunda y reconfortante. Australia y Nueva Zelanda combinan fusiones especiadas con jengibre y vinos de primera clase procedentes de Marlborough y Barossa. Los mercados de Auckland rebosan de frutas tropicales y pescado fresco del arrecife, mientras que Sídney y Melbourne presentan propuestas vanguardistas de elegancia molecular que reinterpretan ingredientes autóctonos. Desde la Gran Barrera de Coral hasta los atolones del Pacífico, el pescado y el marisco más puros llegan a la mesa acompañados de la hospitalidad natural de la región.

Historia

Historia

Los pueblos marineros protagonizan la historia de esta región. Los navegantes polinesios cruzaron vastos mares en canoas waka de doble casco, guiados por las estrellas, las aves y las corrientes. Los exploradores europeos también dejaron su huella y construyeron lugares emblemáticos, como la Ópera de Sídney y los edificios históricos de Auckland. El Pacífico Sur conserva antiguos marae, asentamientos volcánicos y los ecos de la Segunda Guerra Mundial en las Islas Salomón y Vanuatu. La cultura aborigen de Australia se remonta a más de 65 000 años, mientras que la llegada del pueblo maorí a Nueva Zelanda data del siglo XIII.

Naturaleza

Naturaleza

La naturaleza es la gran protagonista de esta región, revelándose a una escala tan ancestral como llena de vida. Los paisajes australianos abarcan desde la inmensidad rojiza del Outback hasta los bosques tropicales repletos de aves y la Gran Barrera de Coral. En Nueva Zelanda, el terreno cambia de forma espectacular: desde los fiordos esmeralda de Milford Sound hasta los valles geotérmicos y los imponentes acantilados de la Isla Norte. En todo el Pacífico Sur, islas volcánicas emergen con fuerza de mares color zafiro, rodeadas de arrecifes de coral y playas repletas de palmeras, donde el tiempo parece acompasarse al ritmo de las mareas.

Cultura

La región de Australia, Nueva Zelanda y el Pacífico Sur es un verdadero mosaico de culturas antiguas y modernas. Los navegantes polinesios dominaron las estrellas y las mareas para poblar islas remotas mucho antes de la llegada de los europeos. Allí dejaron un legado de templos marae, ceremonias sagradas de kava y ricas tradiciones orales que aún laten con fuerza en las aldeas de Vanuatu y en la danza tahitiana. En Australia, las historias del Tiempo del Sueño aborigen se entrelazan con la herencia anglocelta, mientras que en Nueva Zelanda los marae y la haka del pueblo maorí mantienen vivo el espíritu indígena. 

Gastronomía

Los sabores irrumpen con la misma intensidad que los paisajes, todos ellos iluminados por el sol y mecidos por las brisas del Pacífico. En la Polinesia, el mar ofrece atún fresco y la leche de coco transmite una sencillez profunda y reconfortante. Australia y Nueva Zelanda combinan fusiones especiadas con jengibre y vinos de primera clase procedentes de Marlborough y Barossa. Los mercados de Auckland rebosan de frutas tropicales y pescado fresco del arrecife, mientras que Sídney y Melbourne presentan propuestas vanguardistas de elegancia molecular que reinterpretan ingredientes autóctonos. Desde la Gran Barrera de Coral hasta los atolones del Pacífico, el pescado y el marisco más puros llegan a la mesa acompañados de la hospitalidad natural de la región.

Historia

Los pueblos marineros protagonizan la historia de esta región. Los navegantes polinesios cruzaron vastos mares en canoas waka de doble casco, guiados por las estrellas, las aves y las corrientes. Los exploradores europeos también dejaron su huella y construyeron lugares emblemáticos, como la Ópera de Sídney y los edificios históricos de Auckland. El Pacífico Sur conserva antiguos marae, asentamientos volcánicos y los ecos de la Segunda Guerra Mundial en las Islas Salomón y Vanuatu. La cultura aborigen de Australia se remonta a más de 65 000 años, mientras que la llegada del pueblo maorí a Nueva Zelanda data del siglo XIII.

Naturaleza

La naturaleza es la gran protagonista de esta región, revelándose a una escala tan ancestral como llena de vida. Los paisajes australianos abarcan desde la inmensidad rojiza del Outback hasta los bosques tropicales repletos de aves y la Gran Barrera de Coral. En Nueva Zelanda, el terreno cambia de forma espectacular: desde los fiordos esmeralda de Milford Sound hasta los valles geotérmicos y los imponentes acantilados de la Isla Norte. En todo el Pacífico Sur, islas volcánicas emergen con fuerza de mares color zafiro, rodeadas de arrecifes de coral y playas repletas de palmeras, donde el tiempo parece acompasarse al ritmo de las mareas.

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